Nunca he tardado tanto en diseñar un amigurumi ni he tenido tantas dudas. La idea inicial era hacer una muñeca de crochet que recordara las clásicas de trapo, de buen tamaño, que pudiera adornar una cama como ninguna otra, abrazable y que pareciera que acababa de saltar de la cama. Sí, éso, en salto de cama -o como se decía antes- una Muñeca en Negligé.
Para que recordara el lienzo del que estaban hechas las muñecas antiguas, tenía que buscarle un tono de piel blanco roto o marfil. Pensamos que hay mil matices en algodón pero no es así. Me costó encontrarlo, pero no puedo estar más contenta, porque el resultado es… ¡un amigurumi de porcelana!
Claro que las muñecas de porcelana tenían también algo de misterio. Cuando nació mi hija Talía me regalaron una fantasmal, su mirada tenía un no sé qué tétrico y hasta repulsivo, como alma en pena que vagaba sin remedio por el incierto mundo de las tinieblas. Les debió parecer ideal para una parturienta destrozaíca tras su primer retoño.
Algunas no dan miedo pero tienen una tristeza profunda, como esta que me encontré, buscando inspiración, de Marina Bychkova:
Bueno, al final decidí que prefería combinar cierta ingenuidad como la de las peponas clásicas con una mirada profunda, eso sí.
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