Pero qué guapo está nuestro Guardia Civil en traje de gala. A primeros de año os dije que iba a dedicar un espacio del blog a ir presentándoos a algunas de las mejores amigurumistas, empezando por las de habla hispana. En este caso ella comparte conmigo también la tierra porque es andaluza, vive en Almería y allí desarrolla su arte. Se llama Mª Antonia Bracco y parece que el apellido, como en tantas ocasiones, le imprime carácter.
Porque el braco es un animal sagaz, jovial, inteligente, observador y plácido, aunque a veces puede ser un poco testarudo. Es fiel y muestra un gran apego hacia sus ritos diarios. Le encanta jugar con los niños, es dulce, suave y paciente con ellos. Parece que la estuviera describiendo. En Galamigurumis ya la hemos conocido. Nos tejió, si lo recordáis, el Ángel Desnudo, con notable éxito.
Pero os quiero enseñar más trabajos de ella, con patrones de otros diseñadores no sólo de Galamigurumis. Y es que su maestría se debe a toda una vida «entre costuras». Dale a Leer Más y lo descubrirás:
«Mis mejores momentos han estado siempre ligados a las labores. Me veo de niña sentada en una sillita de enea en el dormitorio de mi abuela Antonia, detrás de los cristales. En mis manos un trozo de tela con cañamazo, aprendiendo a hacer punto de cruz. Calculo que tendría unos siete añitos. Luego, las visitas a la modista de mi madre para pedirle restos de tela con los que hacer los vestidos a mis muñecas. Aburridita debió acabar de mí la pobre. A partir de ahí fue un no parar: punto, crochet, macramé, tapices, bolillos, y todo lo que llegara a mis ojos que tuviera que ver con hilos, telas y agujas….»
«Las labores han sido en mi vida el hilo que sujetaba mi cordura y ellas, en los malos momentos que todos atravesamos alguna vez, me salvaron de caer al abismo. No recuerdo cuando fue la primera vez que tuve un ganchillo en mis manos. Probablemente sería muy pequeñita; de lo que estoy segura es de que fue algo extraordinario para mí.
Mi encuentro con «los amigurumis » fue pura casualidad, amor a primera vista. Al principio me ilusionó mucho hacerlos para mis nietos (tengo cinco) y empecé con cosas sencillas, pero pronto necesité avanzar, investigar, y ahora es una adición de la que no quiero curarme. He guardado el bolillero, el telar de los tapices, el bastidor de bordar y hasta la máquina de coser. Lo que me ilusiona en este momento de mi trayectoria es hacer amigurumis. De la mañana a la noche.»
¿A que es una maravilla? Ahora que recuerdo, os enseñé una vez la foto de una exposición que le hicieron en su ciudad. Hace poco le han organizado otra en un peazzo de capilla de un antiguo convento restaurado en Vera: ¡los dientes largos! Me hubiera encantado ir… A la próxima estamos todas invitadas.