Jolly Jumper, el caballo de Lucky Luke, fue seleccionado entre los trece equinos más famosos de la historia, junto a algunos tan legendarios como Babieca –el del Cid Campeador-, Lazlos –el de Mahoma-, Othar –que hizo la revolución mexicana con Pancho Villa y al que se le han dedicado memorables corridos-, Silver – el del Llanero Solitario-, o Rocinante –el de Don Quijote de la Mancha-, sin olvidar a Incitatus, que llegó a Senador de Roma por la voluntad de su dueño, el emperador Calígula.
En esa lista, Jolly Jumper compartió gloria también con alguno que no pasó a la historia por su nombre pero sí por sus hechos, como el de San Pablo – que si no se hubiera caído de él probablemente no existiría el Vaticano-, o sus atributos, y es que no podemos olvidar la ponderativa frase: “Tiene más huevos que el caballo del Espartero”.
El dibujante belga Morris creó en 1946, junto al guionista Goscinny, el personaje Lucky Luke, un comic sobre el oeste americano, donde el protagonista monta a Jolly Jumper, inconfundible con sus manchas pardas en el lomo blanco y sus crines rubias.
Con la precisión de su creatividad desbocada –nunca mejor dicho tratándose de un caballo- Bárbara Benítez ha convertido su ganchillo casi en unas pinzas de cirujano para regalarnos esta joya del amigurumi: Jolly Jumper el único caballo que juega al ajedrez, se planta irónico ante las hazañas de su jinete, bebe unas pintas de cerveza, se desternilla en más de una viñeta, o cabalga profundamente dormido por las vastas praderas.
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